Previsión de crecimiento para la hostelería

Cinco años sin humo en la hostelería

El 2 de enero se cumplieron cinco años de la entrada en vigor de la norma que eliminó el consumo de cigarrillos y puros en bares y restaurantes. La ley antitabaco, que llegó en plena crisis económica, abrió un gran debate social sobre los efectos que provocaría en el sector de la hostelería y la restauración, muy vinculados al ocio en una sociedad con muchos problemas económicos. De hecho, no era difícil escuchar a fumadores ‘amenazar’ con dejar de ir a tomarse un café o un vino si ya no iba poderlos acompañar de un cigarro.

Pero un lustro después, las denuncias por incumplimientos de la norma son esporádicas y el consenso social ha superado a las reticencias iniciales, que se han ido desvanecido como el humo incluso entre muchos fumadores. De hecho, en Miranda ni siquiera llegaron a surgir espacios como clubes de fumadores, diseñados en muchos casos para tratar de encontrar un resquicio legal a la ley. Además, apenas se han registrado violaciones normativas en este tiempo.

Las memorias de la Policía Local recogen que en 4 años (aún no se ha presentado el balance de 2015) se ha levantado una treintena de actas por permitir el consumo de tabaco en establecimientos públicos de la ciudad. En el primer ejercicio de entrada en vigor, en 2011, se tramitaron cuatro informes ante la delegación territorial de la Junta de Castilla y León. Ninguna hubo un ejercicio después, aunque en 2013 llegaron a extenderse 26 informes. Una excepción, porque un año después solo se contabilizó un caso. De hecho, todos los hosteleros consultados por ELCORREO reconocen no haber tenido problemas con los clientes. Incluso creen que muchos en estos momentos, aunque sean fumadores, no apostarían por la situación anterior.

David Ortega, del Moon TV, considera que en su local «al principio costó mucho, por la costumbre y el frío, pero ahora tengo clientes muy fumadores que lo agradecen aunque no lo han dejado. Se salen fuera y fuman lo mismo», incluso durante los partidos de fútbol o la partida, en aquellos lugares en los que se juega. De hecho, él calcula que vende más o menos el mismo tabaco en la máquina que al entrar en vigor la ley.

Aunque en el Estanco Nº 1, Ana Rosa Ortiz, reconoce que la venta a través de expendedoras ha bajado notablemente. Pero es un hecho que vinculan más con la crisis y el precio que con la ley. Más que dejar de fumar creen que la gente opta por ir a comprar las cajetillas al establecimiento (son 15 céntimos más baratas) y muchos son los que se han pasado a tabaco de liar, que pese a la subida que también ha experimentado sale por la mitad, aproximadamente. De hecho, la picadura cada vez ocupa más espacio en sus baldas.

Pero, en general, los hosteleros agradecen que no se fume en sus bares. Lugares que se han convertido en espacios libres de humo a los que ahora acuden más niños, algo que en algunos momentos también puede suponer un inconveniente. No es la única pega que se puede poner a la ley. Y es que el tener que salir a la calle a fumar, en algunos momentos –sobre todo por la noche– puede generar molestias por ruidos a los vecinos. En Bocca, que abrió sus puertas un mes antes de la entrada en vigor de la norma, aunque tampoco tuvieron problemas, al principio, de noche, había gente a la que directamente se le olvidaba que ya no podía fumar.

«La adaptación se produjo con bastante normalidad. Pensaba que iba a ser más complicado», reconoció Alberto Arce. Eso sí, es consciente de que en algunos casos puede suponer un inconveniente para los vecinos. «Aunque tenemos personal de seguridad y tratamos de evitar que se grite o haya voces, el volumen puede resultar alto. Los residentes próximos a locales y bares son los que más pueden sufrir la ley».

En los restaurantes la adaptación a la nueva situación tampoco supuso ningún problema. «Aunque al principio resultara algo peculiar la gente se adaptó rápido», reconoció Alberto Molinero, que en el Lola, en Berantevilla, ya optó por prohibir fumar dos años antes, cuando se planteó que los locales eligieran entre ser un lugar de fumadores o no. «Entonces nos costó más, porque en otros lugares sí se podía hacer y era lo habitual», recordó. Hoy por hoy, cinco años después tiene claro que «la ley ha sido beneficiosa para todos. Ahora nadie se imagina tener a alguien fumando mientras está comiendo».

Una opinión compartida por Íñigo Ruiz, de La Vasca, pese a que al principio tenía sus dudas. «Como siempre habías convivido con el humo no sabías qué podía pasar, pero ahora te das cuenta de que en el restaurante se está mucho mejor, aunque comprendo a la gente que le gusta fumarse un puro o un cigarrillo con el café o la copa». Aún así, él, en estos momentos, si volviera a cambiar la ley y se permitiera el consumo, no tiene claro que volviera en su local a la situación anterior.

Y es que entonces, recuerda que dejaban encendido el extractor de la cocina durante mucho tiempo únicamente para absorber el humo del tabaco que había en el comedor. «Ahora el ambiente para degustar una comida es mejor». Lo peor, que los clientes para fumar tienen que bajar y subir, aunque reconoce que muchos aguantan bien sin salir, incluso en la sobremesa. Cuando más se nota el movimiento es en fechas señaladas como San Juan, las fiestas de septiembre o las cenas de Navidad.